La Dragon
DDP Yoga Shoot Interview
Ambos adictos, buscando una cura constante.
Soy un fiel creyente de que todos somos adictos. No lo digo por justificar mis pérdidas de tiempo (porque en mi opinión la procrastinación es una de ellas). No es importante saber quiénes han logrado evadir la adicción, o al menos sus expresiones más conocidas, sino que hay que entender cómo sufrimos de ella, de esta rutina, de tener la condición de depender. El sistema nervioso y neurológico de nuestro organismo resulta ser muy complejo, pero extremadamente fácil de Hackear (coger de pendejo). Por eso la propaganda ha sido tan efectiva desde que existen las civilizaciones, pero la cogida no tiene que ser exclusivamente abstracta, también puede ser primitiva.
Usualmente llamamos adictos a personas que mantienen hábitos no sostenibles bajo el capitalismo. Ejemplo: un adicto a la heroína y un adicto a los millones son expresiones de una condición primitiva. El aficionado por la heroína se hace daño, no hay que esconder esa realidad, pero el daño se centra en la relación del ente y la droga. Sí hay unas conversaciones sobre abandono de lazos familiares y responsabilidades, pero muchas de ellas se enfocan en deshumanizar y damnificar al paciente. Todos los patrones de un sistema que no se quiere hacer cargo de sus productos, como la madre que abandona a sus hijos a los lobos, son interpretaciones de poder que nacen del trauma. (Tangente).
“La soberanía es la capacidad para definir quién tiene importancia y quién no.” — Achille Mbembe, Necropolítica (2003)
La condición del millonario es compleja, pero solo porque la permitimos. No discuto esto bajo un juicio moral, solo me someto a una observación sobria del sujeto de estudio. La heroína es real; el dinero no. El peor vicio no es el más dañino — es el que aprendimos a llamar disciplina. La sustancia tiene propiedades físicas innegables. Es palpable, biológica, original, concreta y finita. El millonario no solo se hace daño a sí mismo, sino que también destruye la vida de miles de otras personas participando de un rito insostenible. El afán financiero es un trabajo mágico; codifica la vida y el tiempo en algo finito por medio de un lenguaje infinito. Los números no se acaban y son interpretables dependiendo de su contexto. Esas adicciones son creaciones vivas que transmutan por cualquier reacción sistemas y condiciones que existen a causa de la adicción en la que me estoy enfocando en este texto. Esta adicción no se discrimina basada en ser sostenible o no (aunque los académicos deban echarle un vistazo e indagar qué define lo sostenible, o tal vez estoyhablandomierda). No es un hábito que adquirimos conscientemente, aunque si somos sinceros, ¿cuál lo fue? Tu rutina, como la manera que ves el mundo, son todas determinadas por tus patrones neuronerviosos y tus condiciones materiales.
Es posible que ya sepan de la adicción de la que hablo y si ese es el caso no se diga más: cierre la página y continúe consumiendo sin cesar, pero si aún piensa que en este texto puede encontrar algo de sí mismo, prosiga. NO QUIERO QUE PIERDA EL TIEMPO. .rovaf rop sayav et oN Por desdicha (hasta ahora) sólo conocemos pocos seres que no sufren de la adicción que inspiró este texto. Uno de ellos son los loricíferos del Mediterráneo. Estos microinvertebrados marinos habitan en los sedimentos del fondo del mar, y son los únicos animales conocidos capaces de completar su ciclo de vida en ambientes completamente anóxicos, sin una sola molécula de oxígeno. Retomo, no son animales estéticos, pero esto está basado en mi perspectiva. Entiendo que dije que no era necesario entender, pero miento: miento sobre esto y miento sobre muchas otras cosas.
Voy a cambiar el tema un poco, pero aguante. Las guerras, el gobierno, el colonialismo, etc. son todas expresiones artísticas. Son la copia de otros elementos naturales. Si te interesa saber cómo se relaciona el arte con el mundo de los imaginarios, primero léase a Aristóteles. No voy a repetir o intentar disertar sobre las palabras y conocimientos que no son pertinentes a este texto. No como un insulto a uno de los O.G.s, sino que no pienso que pueda explicar algo mejor que él. Y segundo, no es que necesariamente me adscriba a esa filosofía, sin embargo, funciona como un tipo de metáfora académica que te puede ayudar a entender un poco más desde el punto de vista del que se redacta este texto. ¡Tangente!
Todo conflicto natural tiene dos constantes precisas: 1. Hay necesidad, o se crea una. 2. Hay abastecimiento, o se crea el mismo. En nuestra historia reciente podemos observar dos ejemplos que, juntos, demuestran que la historia no se repite — se hacen samples de ella. En el siglo XIX, el Imperio Británico no solo introdujo el opio en China: fue a la guerra dos veces para proteger su derecho a seguir haciéndolo. China intentó prohibirlo. Londres respondió con barcos de guerra. La adicción no era un efecto secundario del Imperio — era el instrumento. Un pueblo enganchado es un pueblo administrable. Hoy, Estados Unidos intenta prohibir TikTok y China ejerce presión para mantenerlo en el mercado. El adicto de ayer es el dealer de hoy. El que mandó la flota para preservar el derecho de envenenar a otro pueblo, ahora pelea en cortes federales para desengancharse. La historia presume de graciosa, pero es cruel y tergiversa los datos con su memoria siniestra. Pero el modelo algorítmico se había comenzado a correr antes de que existiera GitHub, antes de que existiera Roma, antes de que existiera el lenguaje. Un conflicto que se ha perpetuado en un constante estanque es el de la flora y fauna. Ambos grupos compiten por una posición en esta roca flotante por tener derecho a un santuario jamás visto donde la vida compleja se edifica y florece constantemente.
Este conflicto milenario ha tenido un tranque con procesos complejos de esclavización y explotación que hacemos consciente e inconscientemente. Pero la clave que perpetúa estas relaciones, y un tipo de paz a regañadientes, es que ambos grupos estamos insaciablemente adictos a componentes que ambos producimos y distribuimos (eso sin contar los negocios mafiosos en los que hemos acordado, como la agricultura y los entierros en áreas verdes). El segundo componente no será descripto en este texto porque no es completamente necesario entender los efectos adictivos que pueden producir el dióxido de carbono y porque no soy una planta; no le puedo hacer justicia a su experiencia, aunque me encantaría entrevistar a una si fuera posible.
El oxígeno no es malévolo, no quiero que se tome un juicio peyorativo en contra de la adicción (en contra de mí). La condición es natural, pero tratamos de pretender que no y ahí está el problema. Nos tomamos en serio la ilusión de la vida libre a la adicción y cuando alguien no puede seguir el libreto, cuando alguien pierde el control, le odiamos porque nos miramos en un espejo y no nos gusta lo que vemos. Puede pensar que estoy extrapolando nuestra relación con el oxígeno y exagerando nuestra dependencia de él, pero vamos a hablar claro: el oxígeno es un elemento que estimula la vida a base de carbono para extender sus capacidades de reproducción sobre este planeta. Tenemos efectos de withdrawal. También hay posibilidades de tener una sobredosis de oxígeno, aunque el término más apropiado sería la intoxicación, pero eso lo decidió alguien que creía que sabía y escogió esa palabra; yo creo que sé más que esa persona que se creía sabia. ¡Tangente!
Nos permite caminar, correr, gritar, chichar, matar, imaginar y subyugar. El oxígeno nos permite crear todo de nada. Nos permite soñar mientras estamos despiertos. La agricultura se volvió el Chinese finger trap en el que quedamos estancados por la eternidad, o mejor dicho, hasta que este mundo se acabe. El primer adicto al oxígeno fue el primero que decidió que morir es una pérdida de tiempo. Sabemos que hay muchos cadáveres en esa cuesta. Tenemos que apreciar la muerte por lo que es: un cambio, un estado de progreso. Porque la muerte en la oscuridad sublime es vida. Nadie se hace adicto solo — siempre hay alguien que te enseña cómo.
Mientras nuestros cadáveres se posan en el firmamento, los microbios, parásitos, entre otros, comienzan sus súculentas orgías para sembrar la próxima generación del mundo detrás del lente. Se devoran las partes más íntimas de ti (tus labios, tu cuello, tus fosas nasales y tu cabello), y se crea esa peste pesada que erróneamente llamamos muerte. La peste, lo hediondo es vida. La peste es civilización, la peste es cultura y sin la peste no queda nada, nada para consumir, nada por lo cual luchar.
Estas son unas reflexiones que vienen a mi mente mientras me doy un bongazo en el balcón de mi casa frente a frente con“La Dragón”. La Dragón es una planta hermosa que siempre observo desde que la “domesticamos”. Todos los días, La Dragón y yo participamos de este círculo vicioso. Conectados, aunque no nos miremos, aunque nunca hayamos compartido palabra alguna. Ambos adictos, ambos interesados en qué nos podemos dar el uno al otro. Cuando la observo fijamente en su condición, encerrada, nutrida, “saludable”, dependiente del sistema que la alimenta, me siento menos solo. Me acuerdo de que somos similares. Ambos adictos, buscando una cura constante.
Para seguir indagando:
Literatura Naked Lunch — William S. Burroughs (1959) Ficciones — Jorge Luis Borges (1944) Necropolítica — Achille Mbembe (2003)
Cine The Addiction — Abel Ferrara (1995) Requiem for a Dream — Darren Aronofsky (2000) Christiane F. — Uli Edel (1981)
Música Dummy — Portishead (1994) The Boatman’s Call — Nick Cave & The Bad Seeds (1997)
Artes visuales Report on the Siphonophorae, The Voyage of H.M.S. Challenger — Ernst Haeckel (1888) Embroidering the Earth’s Mantle — Remedios Varo (1961)


